martes, 21 de agosto de 2007

Daniela y El Muchacho del espejo I parte

[Hola...siento no haberpodido escribir mas seguido..pero he estado un poco ocupada..aquí les dejo mi más reciente obra....Daniela y el Muchacho del espejo[primera parte]..estará divido en dos....
Pues, la verdad solo cree este cuento por un trabajo que me encargaron..hasta que luego me gustó..
Bueno ahi va...]

.:Daniela y el Muchacho del Espejo:.

El cumpleaños número 15 de Daniela, fue una mañana, fría y dulce como un copo de nieve. Estaba recostada en la cama de su nueva habitación. Se sentía aún un poco confusa. Había soñado que estaba en su antigua alcoba feliz y cómoda. De repente, estaba de regreso en su ulterior lar. “Lástima que solo fue un sueño” se decía para sobreponerse del repentino trasteo. Entonces, se acordó de algo “hoy cumplo 15 años” gritó altaneramente. Se le ocurrieron millones de ideas alocadas, pero se desvanecieron al recordarle lo que había pasado con sus padres…se estaban divorciando y su papá ya vivía en otra casa y en otra ciudad. Una frase se le vino a la mente “Todo estará bien”, se lo había dicho su mejor amiga, Celeste; aún no podía creer que se había alejado de todo aquello que amaba. Celeste, su padre, su escuela, todos sus seres queridos. Todavía recordaba los momentos felices pasados con ellos y con otros más, recordaba los momentos divertidos, los tristes, lo melancólicos, los absurdos, pero lo que más recordaba era que en todos esos momentos siempre estuvo acompaña por alguien y no estaba tan sola como actualmente estaba.
Ahora, mientras estaba echada en su cama, recordó nuevamente que no había nadie en su casa, estaba sola en su casa, pues su mamá estaba trabajando. Daniela trató de levantarse, “aún es muy temprano” se dijo asimismo, como excusándose, mientras suspiraba y se recostaba nuevamente.
Cuando, de repente, sonó el timbre de la puerta, ensordecedor y cómico como siempre. Daniela se levantó de un saltó del susto y corrió emocionada pensando que era un familiar o un amigo, dispuesto a dale un regalo o a saludarla simplemente, hasta con un saludo se conformaba. Estaba dispuesta a olvidar a su orgullo con tal de no sentirse así, tan sola.
Abrió la puerta y encontró un gran paquete, el cual se veía sospechosos, pero se lo habían dejado allí, así que era para ella. Lo llevó a su alcoba, donde decidió abrirlo y guardarlo allí. Era un espejo, ¿qué clase de regalo es este?, se dijo así misma. El espejo, en sí, tenía tocados medievales en el marco, el cual estaba rodeado por cuarzos de diferentes colores, era un poco inusual ver un espejo de esas características, era en sí algo más grande que Daniela, hasta un poco más podría decirse, tenía algo que lo hacía ver moderno, pero encerraba un aire mágico y soñador como los de antaño.
Aunque ella no sabía mucho de espejos, se dio cuenta de que éste podía ser llamado único, en fin, se miró en el espejo. Fue allí cuando Daniela se dio cuenta de lo mucho que había crecido. Ya no era la chiquilla que corría tras papá al verlo llegara casa. “Mañana tendrás 15 años”, le había dicho su mamá ayer, “ya eres todo una señorita”. A ella no le gustaba que se lo repitieran a cada momento, está bien ya era mayor, pero no quería aceptarlo, no quería afrentase al escepticismo del mundo actual.
Mientras seguía meditando sobre lo anterior, se dio cuenta que el espejo tenía algo inusual, no sabía si era ella o el reflejo que provocaba en el, pero tenía un brillo diferente y especial en sus ojos reflejados. Se miró profundamente a los ojos, ¿estaría soñando? Pudo ver en menos de un minuto todos sus sueños, sus metas, sus más profundos deseos, sus oscuros temores de lo más profundo de su alma. ¿Qué es este espejo?, pensó aterrada.
Se quedó con la duda, no quería saberlo, no quería saber que era ese espejo, solo quería poder entrar a ese mundo extraño a donde parecía poder llevar…
Estaba a punto de lograrlo, sabía que podía hacerlo, algo le decía que si era posible. No le importaban las leyes físicas u otras innombrables, las cuales decían que no se puede atravesar un espejo, o cualquier otro objeto físicamente existente; ella sabía que podía porque sabía que podía. Así que decidió aventurarse y tratar de sumergirse, para su sorpresa pudo pasar por el espejo…
Y rompiendo el momento mágico, sonó nuevamente el timbre de la puerta. Cerró los ojos. Los volvió a abrir, pero ya no estaba frente al espejo, estaba nuevamente en su cama. “Sorprendente”, se decía a si misma. Abrió la puerta, era Celeste, no lo podía creer.
-¿Queeé? ¡¡Hola!!, ¿Qué haces aquí? ¿Cuándo llegaste? ¡¿Qué sorpresa?!, ¿Por qué no me telefoneaste para decirme? – abatiendo a la recién llegada
-Sí, Hola-sonriéndole y pasando dentro, a la casa-pues, vine a saludarte, llegué ayer, por dos simples razones, aun no me decías el teléfono de tu casa y porque era una sorpresa
-¡Wow!, ¡que sorpresa!, aún no lo puedo creer… ¿cuánto te quedas?- mirándola con la esperanza que su respuesta la ayudara a sentirse mejor, por lo menos, el resto del día
-Pues-sonando triste, y tratando de aguantarse la risa- para mi sorpresa y la tuya-mostrando completa su sonrisa- a mi mamá la trasladaron a esta ciudad y vamos a vivir en la casa abandonada del final de esta calle!-saltando de la alegría y abrasando a Daniela de la emoción.
Ya era casi mediodía, Daniela ya le había terminado de enseñar toda su nueva casa y ahora estaban en su habitación donde era Celeste quien le contaba a Daniela sobre todo lo que le había pasado en el verano y en el colegio. Cuando ya esta había terminado de contarle todo, le preguntó a Daniela:
-¿Y qué estabas haciendo antes de que llegue?
-Nada-le dijo Daniela, tratando de recordar
-¿Segura? ¿Te noté media extraña?
-Ah síííí, fue por ese extraño espejo, por cierto gracias, está bonito y creo que ya descubrí para que es
-¿Qué espejo?-como sorprendida y confundida
-¿Qué? ¿No fuiste tú quien me regaló ese espejo?-se quedó pensando un momento-Yo pensé que habías sido tú, pues llegaste al instante en que apareció el espejo
-Pues yo no te envié un espejo, quizá mi regalo llegue mañana pues te lo envié cuando aún estaba en donde vivíamos, pero bueno, me podrías mostrar el espejo, ¿está aquí?-mientras buscaba con la mirada en todo el lugar
-Sí, está en ese closet-señalándoselo con el dedo-es un espejo hermosísimo y creo que tiene un poder extraño
Celeste se paró de la cama y se fue hacia el lugar señalado, abrió el closet, pero no estaba allí el tan mencionado espejo; primero pensó que se había equivocado de lugar y se lo comentó a Daniela, quien también se paró y fue hacia donde estaba ella.
-Te juro que estaba allí-gritó desesperada- no estoy loca, Celeste!
-Sí, está bien Daniela, yo te creo-le respondió-¿pero qué tiene de especial o qué?
Daniela le contó todo lo ocurrido en la mañana, y bien, aunque Celeste aun tenía sus dudas, las cuales quería guardar en secreto, no quería que su mejor amiga supiera que tenía dudas sobre su conducta psicológica.

Celeste aún dudaba, ya en su casa, se puso a investigar sobre espejos o algo así, ya que sabía que Daniela tenía problemas, pero nunca le había hecho alguna broma o le había mentido. Encontró sobre muchos espejos medievales que aún perduraban, la búsqueda fue intensa, algo le decía que su amiga estaba en peligro, así que decidió investigar profundamente. Fue descartando uno por uno hasta que por fin encontró uno que encajaba perfectamente con la descripción de Daniela. Pero algo estaba mal, si Daniela hacía lo que habían hechos muchas personas quedaría atrapada en otra dimensión de la cual, no podría salir sin alguna ayuda…

Habían pasado varias semanas, Celeste no había podido encontrarse con Daniela y eso le preocupaba, sabía lo que podía hacerle el espejo, tenía miedo por su amiga, por su mejor amiga, Daniela solo había asistido la primera semana de clases, después desapareció y pareció que la tierra se la hubiera tragado, su mamá que paraba todo el día trabajando no notaba su ausencia, pues en realidad Daniela nunca salía de su casa, siempre paraba en su habitación, encerrada y para ella eso no tenía nada de malo. Celeste a lo lejos, y a lo poco que veía a Daniela, se pudo dar cuenta que Daniela cada día estaba mas delgada.
Ya no podía más, tenía que saber acerca de su mejor amiga, se decidió a hacer una justa locura… Esperó a que la madre de Daniela saliera de casa para asomarse si estaba Daniela, lo estaba, no le quedaba de otra así que entró por la ventana, corrió hasta la alcoba de Daniela y justo cuando abrió la puerta, encontró a Daniela atravesando el espejo, se veía mal, ella no era la chica que le había abierto la puerta radiante el día de su cumpleaños, parecía mayor pero mas desgasta y cansada, parecía que en cualquier momento se iba a desmayar… Rápidamente Celeste alcanzó a Daniela, logró entrar justo a tiempo, con ella.
Al pasar el espejo, pudo darse cuenta de el cambio en el alrededor, allí, Daniela estaba como aquel día, todo era exactamente igual como el otro lado, solo que al revés. Celeste trató de alcanzarla, pero Daniela, se estaba dejando llevar y no la vio. Celeste decidió seguirla.
¿A dónde podrá ir?, pensaba, se estaba percatando que todo era casi exactamente igual al otro lado del espejo, solo que no habían personas, solo podían verse a las dos, pero Daniela no volteaba a ver a Celeste, ni ella la llamaba.
Daniela decidió parar y encontrarse con un muchacho, Celeste no lo podía creer “Daniela con un muchacho”, era algo casi imposible, ya que Daniela era de las chicas que creían que primero se deben cumplir todas las metas laborales y personales y luego buscar formar una familia.
Había algo raro en ese muchacho, ya lo había visto en otro lugar pero no se acordaba en donde, todo estaba bien hasta que él la señalo. Se había dado cuenta de su presencia en aquel lugar y Daniela también.
Pero no reaccionaron violentamente, en lugar de eso, los fueron hasta donde se encontraba ella y la saludaron muy cordialmente:
-Hola Celeste, que bueno que estés acá, mira él es Kaitt mi novio
-Y Kaitt, ella es Celeste, mi mejor amiga


*Estoy escuchando....ai otsuka - de-
renai shashin*

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