miércoles, 9 de enero de 2008

El borracho y el eco

El borracho y el eco
En Noche Oscura y cavernosa
tan atontado iba Antón,
que cayó de un tropezón
en la acera resbalosa.

Soltó un feo juramento
diciendo: ¿quién se cayó?
Y en la pared del convento
resonaba el eco: "yo".

- Mientes! Fui yo quien caí;
y si el casco me rompí
tendré que usar pelucas...
- Lucas!

- No soy Lucas, voto a Dios
Vamos a vernos los dos
ahora mismo farfantón.
-Antón!

-Me conoces, eh! tunante
Pues aguárdate un instante,
conocerás mi navaja...
Baja

- Bajaré con mucho gusto
¿Te figuras que me asusto
Al contrario, me exalto...
- Alto!

-¿Alto yo?¿Piensa el osado
que en este pecho esforzado
el valor ya está marchito?
- Chito!

- ¿Y pretende el insolente
mandar callar a un valiente?
¿Que calle yo Miserable
- Hable!

- Hablaré, por vida mía,
hasta que tu lengua impía
con este acero taladre...
- Ladre!

- ¿Ladrar? ¿Soy perro quizás?
¿Dónde, villano do estás
que de esperarte me aburro
- Burro!

- ¿Burro yo? Insulto extraño
que vengaré a mi amaño.
El momento es oportuno...
- Tuno!

- ¿Dónde está el majadero
que me toma por carnero.
Responde. ¿Dónde se encuentra?
- Entra!

- Sal tu, si no eres cobarde;
y apresúrate que es tarde.
A pie firme aquí te espero.
- Pero!

- No hay pero que valga, flojo!
Sal que ya estoy viendo rojo
y ansío tenerte en frente...
- Ente!

- ¿Pero dónde estás? Repito
que estoy oyendo tu grito
y tu ausencia ya me admira.
- Mira!

- Si, miro; pero qué diablo!
No puedo ver con quien hablo,
pues no aparece ninguno.
-Uno!

- Uno o cien, lo mismo da;
que salga, que salga ya.
Lo aguardo. Aquí me coloco!
- Loco.

- ¿Así te burlas de mi?
¿Quién eres, quién eres, dí?
No me hagas perder la calma.
- Alma

- Mas si eres un alma en pena,
¿cómo no oigo tu cadena
Basta de bromas; concluye.
- Huye!

- No tal; no me iré de aquí
sin saber quien me habla así.
Dime siquiera tu nombre.
- Hombre!

- ¿Pero estás vivo o difunto?
Aclara bien este punto,
que a mi ya nada me asombra.
- Sombra!

- Una sombra y la insulté.
Perdóname que tomé
cuatro copas con bizcocho.
- Ocho!

Marchóse Antón al momento
y en casa contó a su esposa
que una sombra pavorosa,
en la acera del convento
le había hablado.

Y no era cuento!

(Francisco de Añón)

2 comentarios:

carlin dijo...

jajaja

mar dijo...

Que bueno! Me ha gustado mucho